‘‘Calatayud’’ Sanabria
‘‘Calatayud’’ Sanabria: Incansable e inolvidable mediocampista
Artemio Villanueva
En el inicio de la genial década futbolística de nuestro fútbol (1970), ahí por la avenida Quinta y Antequera, donde Sol de América tenía su campo de juego (actualmente está en Villa Elisa), ‘‘llegué un día y practiqué fichándome por el Sol de América. Tenía 15 años y un gran deseo de jugar, pero no pudo ser y me alejé, esperando un poco más y luego de dos años volvía, pero ya para Cerro Porteño’’, historió sobre sus primeros pasos en estos dos clubes.
Luego de campeonar en la Infantil (1974), este jugador incansable, que las corría todas y copaba el mediocampo, ese mismo año ocupó la banca en primera división. Era en el último año de aquel tricampeonato azulgrana, cuyas rutilantes estrellas serían transferidas a otros clubes y países. Pero para Juan de la Cruz Sanabria fue un año inolvidable, esperando su primera oportunidad para demostrar todas sus cualidades adquiridas a través de la disciplina y el cuidado que le daba a su cuerpo.
‘‘A pesar de no jugar ese año me sentí como si lo hiciera desde la banca’’, acotó.
LOS AÑOS ESTUPENDOS CON LA AZULGRANA
En el año 1975 se produjo el debut del ‘‘6’’ azulgrana ‘‘Calatayud’’ Sanabria y nada menos que en un partido de Copa Libertadores de América. ‘‘A partir de ese instante me sentí realizado y con el ánimo de no perder el puesto’’, afirmó. Pero el Ciclón ese año no pudo conseguir ni el vicecampeonato, ni reprisar esos años de gloria, pero se ganó una figura preponderante con este peón incansable y lleno de empuje en su onceno, y ya en el ’76 entraría de nuevo en la segunda ubicación, detrás de un Libertad que desde el año 1955 no salía campeón.
Pero al siguiente año se invirtieron las cosas: Cerro Porteño campeón 1977 y Libertad vicecampeón. Y Sanabria saboreaba su primer título y daba la vuelta olímpica como titular indiscutible, con ese número 6 en la espalda, para compartir luego su calidad en varios seleccionados nacionales, juvenil y de mayores.
UNA LARGA ESPERA Y A OTROS CLUBES
En el año 1981, ‘‘mi última temporada en Cerro Porteño, fue para mí casi el adiós definitivo al fútbol’’, historió. Luego de algunas lesiones en las dos rodillas los facultativos médicos dijeron que ya no podía jugar al fútbol; y lo mucho que había hecho con tanto sacrificio, entrenar, cuidarse y dar todo de sí por Cerro Porteño se truncaba por estas operaciones.
‘‘Yo no lo quería creer, pero hablé conmigo mismo y decidí volver a jugar, aunque sea tarde o temprano’’, enfatizó.
Fueron tres largos años y volvió un día, haciéndolo por el Sportivo San Lorenzo de la ciudad Universitaria, consagrándose ese año campeón de Ascenso 1984, y jugar una temporada más en el mismo equipo (1985). Pero Sanabria seguía con esa inquietud de seguir dándole al cuero y vistió la roja camiseta del Sport Colombia de su ciudad natal, Fernando de la Mora, durante cuatro años. Un gladiador incansable se acoplaba al onceno fernandino. De ahí pasó a vestir los colores del Deportivo Dragón de San Salvador, retornando al país en 1993: ‘‘A mi retorno jugué por última vez en el Sportivo Iteño de Itá, porque los amigos me lo pidieron’’, puntualizó.
Y este amigo de muchos futbolistas y no jugadores supo capear la adversidad del fútbol que tiene el rótulo de lesión. A muchos le ocurrió lo que él pasó y no pudieron volver a jugar; así como otros pocos que sí lo hicieron.
‘‘Calatayud’’ Sanabria venció a la adversidad y se levantó de nuevo como un gigante del mediocampo. No sabemos cómo lo hizo, pero esa fortaleza física y moral que tuvo desde sus inicios habrá sido parte de ese impulso que supo manejar siempre cuando vestía de corto y las corría todas, marcando, eludiendo, empujando a su equipo hacía la victoria como él siempre lo supo hacer.
ALGO MAS PARA CONTAR
Juan de la Cruz Sanabria nació el 3 de mayo de 1955 en la ciudad Joven y Feliz de Fernando de la Mora. Sus hijos son: Nancy Elizabeth, Angel Ramón, Juan Manuel y Jazmín Anahí.
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Inicio: club Cerro Porteño, divisiones inferiores (1973 al ’81). Debut en primera (1975) ante el New Old Boys de Argentina por Copa Libertadores de América, de visitante (triunfo del local por 3-2). Otros clubes: Sportivo San Lorenzo (1984, ’85); Sport Colombia (1986 al ’89); Deportivo Dragón de San Salvador (1990 al ’92) y Deportivo Iteño de Itá (1993).
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Selección paraguaya: Juvenil (clasificado para el Mundial de Túnez 1977); selección de mayores, Copa Atlántico, eliminatoria para Argentina 1978 y otros.
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Títulos: Campeón con Cerro Porteño 1974 (suplente) y 1977; San Lorenzo 1984 (Ascenso).
Característica: Un ‘‘6’’ con un pulmón excepcional y una fuerza inacabable para marcar, correr, empujar al equipo hacia adelante y con excelente toque. ‘‘Calatayud’’ nunca se cansaba.
Estatura: 1,70. Peso: 71 kilos.
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Otros: Técnico deportivo recibido en la ENEF, promoción 1999. Llegó a trabajar en la escuela de fútbol del club Cerro Corá el año pasado, también lo hizo en el General Díaz de Pirayú.
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Este ‘‘Calatayud’’ incansable tuvo que soportar varias operaciones en un momento de su gran carrera deportiva: ‘‘Tuve varias operaciones de la rodilla. En la izquierda desprendimiento de la rótula y también me operé de los meniscos, y en la rodilla derecha, el menisco de ese lado. Y a pesar de que en Cerro Porteño me dijeron que ya no iba a poder jugar al fútbol, tampoco me quisieron dar mi pase y entre esperar quedar libre y realizar mi recuperación estuve parado durante tres largos años. Fu un momento difícil en mi carrera, pero yo sentía que todavía podía seguir jugando y le demostré a esa gente que pude’’, sintetizó sobre ese mal momento que pasó. Pero como ‘‘la fe mueve montañas’’, no decayó y volvió a resurgir el Calatayud Sanabria sobrio y poderoso para ‘‘demostrar que no estaba acabado, a pesar de las operaciones que tuve y el vaticinio que me dieron, de que ya no podría ni correr’’, comentó con un dejo de tristeza.
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Y Juan de la Cruz no pudo sustraerse a las anécdotas y nos contó esta: ‘‘Un día teníamos que viajar a jugar en otro país (1975) y quedamos en encontrarnos en el aeropuerto Silvio Pettirossi. Ese día se vino una lluvia grande y yo dudé en que saliera el vuelo. Llegué tarde al aeropuerto y solamente a mí me estaban esperando. El profesor Sinforiano García (fallecido) se enojó conmigo. Luego emprendimos el viaje y las cargadas no faltaron. Un compañero me dijo: ‘Por qué picó Calata dudaste en venir si el avión tiene piloto y no se va a mojar’; estas y otras cargadas fueron la tónica del viaje’’, rememoró.