Antonio Vidal Insfran

Antonio Vidal Insfrán: Un ‘‘4’’ con oficio y calidad

por Artemio Villanueva (Diario ABC Color)

Año 1953, el rubio zurdo y con cara de malo se presentaba en el club aborigen para entrenar. De una dinastía de 14 hermanos, sobresaliendo entre ellos también aquel ‘‘10’’ azulgrana de nombre Eligio, exquisito, elegante y cerebral, que acompañaba a los Jara Saguier, de otra portentosa dinastía futbolera, o el gran Eliseo Insfrán, un ‘‘8’’ estupendo que manejaba los hilos del medio sector con una calidad inigualable, que también lució alto jugando por Guaraní y las selecciones paraguayas.

Foto: Guaraní campeón 1964.

Pero Antonio tampoco quiso quedar rezagado y desde muy joven ‘‘vestí y sentí la camiseta aurinegra, jugando en las inferiores desde los once años de edad’’, afirma.

Y sus comienzos fueron excelentes, porque ‘‘en ese entonces no había las tentaciones actuales y entre los estudios y el fútbol uno se manejaba con suma tranquilidad’’, acota.

Es que eran otros tiempos, en donde la juventud estaba muy alejada de los vicios actuales, como las drogas y las trasnochadas. ‘‘Antes las fiestas duraban hasta la medianoche y ahora recién empiezan a esa hora y los jóvenes vuelven al amanecer’’, comenta sobre la disciplina. Y esto hasta jugadores profesionales de renombre lo hacen. ‘‘Pienso que se debe frenar más la venta de bebidas y los padres de familia deberían poner mano dura al respecto’’, puntualiza. Tocamos este tema porque muchos quieren triunfar y más hoy que se tienen todas las posibilidades ‘‘y pagan mucho mejor que antes’’.

Así que muchachos, futuros futbolistas, aunque el tiempo y los años hayan cambiado, el cuidado del cuerpo no varía, no somos máquinas y debemos cuidarlo para triunfar.

‘‘Al principio y también después fue duro, porque nada es fácil, todo requiere sacrificio y yo como otros llegamos adonde quisimos por nuestra disciplina, si no hubiera sido imposible’’, enfatiza.


EXCELENTES MOMENTOS CON GUARANÍ Y LA SELECCIÓN PARAGUAYA

‘‘Con el club Guaraní me sentía realizado, compartiendo con mi hermano Eliseo y otros compañeros excelentes de entonces’’, acota. Y los años de haber jugado con el Aborigen le brindaron muchas satisfacciones, consiguiendo el título de 1964 (vicecampeón Cerro Porteño y Nacional) y vicecampeón en el 65, detrás del Olimpia. El cual le brindaría la oportunidad de jugar varias Copas Libertadores de América y asistir en las selecciones nacionales por su capacidad y gran categoría, siendo uno de los pocos que asistieron a tres sudamericanos, sin contar eliminatorias para un mundial.
Acostumbrado a marcar y a proyectarse, como así también marcar goles y, en ocasiones necesarias, jugar con cierta vehemencia cuando su puntero lo exigía.

Luego de 12 años se alejó de la toldería aborigen, para llegar al Nacional del gran Arsenio Erico, de los carasucias y otros notables que lucieron la camiseta alba de Barrio Obrero. ‘‘Ahí jugué dos años -comenta- de donde fui a tentar fortuna en Chile, de donde pasé a jugar mi última temporada con el Aucas de Quito’’, historia.

Retornó para alejarse definitivamente de las canchas, dedicarse a otras cosas que no sean fútbol, tocar la guitarra y compartir con la familia de vez en cuando esos recuerdos idos.

Los que le vimos jugar, podemos decir que fue un excelente lateral izquierdo. A pesar de haber jugado en todos los puestos del fútbol, nos quedamos con aquel Antonio Insfrán que tenía la casaca ‘‘4’’ en la espalda, el que marcaba bien, aunque a veces con un poco de fuerza y proyectándose cuando podía, convirtiéndose ya en buen carrilero.

Forma parte de la exquisita historia aborigen, que este año cumple un siglo de existencia y Antonio, pienso y afirmo, está entre los grandes de Guaraní.

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