Edelmiro Arévalo

Nació en Asunción. “Desde muy pequeño fuimos con mis padres a vivir en Villarrica”. Allí aprendió a jugar al fútbol, a imprimirle gambeta, velocidad y goles en su juego, ya fuese de 7 ó de 11. Debutó a los 16 años en primera división jugando por el Estero Bellaco, conocido club guaireño. “Estuve solamente un año en inferiores. Me desempeñaba en ambas puntas porque manejaba bien las dos piernas”, comenta. Rápidamente llegó a integrar la selección de Villarrica, que logró clasificarse para la final, jugada en Asunción como antes se hacía, ganó la final y dio su primera vuelta olímpica con la casaca de la selección guaireña. Los del Olimpia le vieron jugar y optaron por contratar al veloz puntero, habilidoso y goleador.

PENTACAMPEON CON EL OLIMPIA Y UN MUNDIAL A CUESTA: SUECIA 1958

Demoró un tiempo largo para el debut con la franja negra. Olimpia tenía exuberantes punteros (Enrique y Angel Berni), entonces, el joven Arévalo debería pagar derecho de piso y esperar como muchos otros alguna vez lo hicieron. “Tuve paciencia y llegó la oportunidad, pero no en mi puesto, aunque lo mismo acepté, porque uno solo quiere jugar y en un club grande como el Olimpia”, se sincera. En el año 1956 empezó la fiesta decana que no paró hasta el año 1960, cuando en el ’61 el tradicional rival Cerro Porteño le sacó el exacampeonato (en el ‘62 de nuevo Olimpia fue el campeón, pero de nuevo en el ’63 el Ciclón le arrebató el título. Eran años de verdaderos clásicos que llenaban los estadios). Años en que Edelmiro Arévalo se afirmaba en el puesto, conformando aquella línea defensiva junto a Juan Vicente y Claudio Lezcano y Eligio Echagüe, una defensa impasable y dura. Pero no le fue tan fácil, “porque marqué a veloces punteros izquierdos, como ‘Avión Koli’, Genaro Benítez (radicado en Colombia desde hace años) y Joel Cabrera, ambos de Cerro Porteño; eran muy rápidos”, recuerda.

En 1957 la Albirroja se anotó para el Mundial de Suecia 1958 (la selección acudió en el primer mundial de Uruguay 1930 y Brasil 1950 como invitado, sin jugar para clasificarse) por propios méritos, y Edelmiro Arévalo era el ‘2‘ indiscutido e impasable.

“Fueron años de buen pasar con el fútbol, porque tuve la suerte de jugar en un club grande como el Olimpia y ser pentacampeón con un técnico paraguayo (Aurelio González (+)) y pasar los mejores momentos de mi carrera en el Olimpia y en la selección paraguaya”, afirma.

EL HOY DE ESTA FIGURA LEGENDARIA DE OLIMPIA Y DE LA SELECCION QUE ACUDIO A SUECIA

Luego de 13 años de actividad deportiva en el Olimpia, llegó el adiós, sin bombos ni platillos, porque los paraguayos no exigimos una despedida como muchos otros (pocos) lo hicieron o lo hacen. ¡Tan sumisos y sencillos somos! Debemos romper esta barrera y demostrar que somos capaces para muchas cosas. Hoy Arévalo, ya avanzado de edad, sufre una enfermedad. “Es que ya estoy viejo”, nos dice, que a veces le tiene en cama con alta fiebre y luego desaparece. “Hasta ahora los médicos no saben qué es”, agrega. Se recupera y vuelve aparecer la fiebre. Sigue un tratamiento, quizá no adecuado a lo que tiene. A pesar de que una vez fue rico en triunfos y campeonatos, en fama y gloria terrenal con el fútbol, alejado de todo ese pasado, se debate en los recuerdos pasados, felices, lleno de marca, proyección, dribling y goles, porque de puntero y marcador supo hacerlo, con esa calidad que trajo de Villarrica cuando vino por primera vez para ganar su primer título y quedarse en su querido Olimpia.

Este es Edelmiro Arévalo. “Por favor, pongan Arévalo (por su apellido), no Arévalos, como todos siempre me nombraron”, nos dice este símbolo decano en la despedida.

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